ENTREVISTA A ANITA MACEDO

Nombre: Anita Macedo.
Disciplina de Yoga que practica: Practico Ashtanga yoga todos los días y, a veces, también añado una parte de yoga terapia con un poco de meditación Vipassana.
Hace cuántos años descubrió yoga: Hace 15 años.
Una postura del Yoga: Padmasana o la “Postura del Loto”
Algo que disfrute hacer en sus tiempos libres: Me gusta hacer muchas cosas. Nado, corro, hago surf y me encanta leer; puedo estar horas leyendo y desconectarme de todo.
Un libro que recuerde mucho: El libro que recomiendo mucho es “Sapiens: una breve historia de la humanidad” de Yuval Harari
Un mantra que tenga presente: “Que todos los seres de todos los mundos sean felices”.

 

Anita Macedo nació en Brasil, se formó como Licenciada en Educación Física. Pero su necesidad por resolver preguntas ontológicas, que se había formulado desde muy pequeña, le ha llevado a seguir el camino de la meditación y el yoga. Actualmente trabaja y reside en Barcelona donde forma profesores de yoga desde el 2007.

Esta semana tuvimos la oportunidad de conversar con ella ya que, del 06 al 10 de agosto, gracias al ISMET Perú, está visitando la ciudad de Lima para dictar los cursos de Yogaterapia enfocado en patologías y Yoga para niños.

 

Anita, cuéntanos ¿Cómo llegaste al yoga?, ¿qué te motivó a empezar a practicar la disciplina?

El yoga me ha ido llamando a lo largo de mi vida; pero en mi caso hice un camino un poco al revés de lo que comúnmente se hace. Normalmente empezamos con el yoga físico, para aprender a controlar el cuerpo y la mente, y luego nos adentramos poco a poco en este mundo hasta llegar a la meditación, que es el yoga es el estado mental. Conmigo sucedió de manera contraria.

En 1994 me fui a un retiro de meditación Zen en Brasil y pasé 7 días en un lugar espectacular, con paisajes similares al Japón. Ese retiro marcó un antes y un después en mi vida porque me dio herramientas para que pueda entender que la vida y las cosas que pasan en la vida son más de lo que nosotros somos capaces de ver. A partir de eso, continué por mi cuenta haciendo todo lo que había aprendido en esos días – de vez en cuando iba a centros de meditación Zen en Salvador de Bahía, donde yo vivía en ese entonces, para profundizar en el tema – hasta ahí yo no hacía el yoga físico. Luego, en el 2003 una amiga me invitó a hacer una clase de Ashtanga yoga; hice la clase con otra amiga, que era la persona que dictaba la clase, y me enamoré de la práctica. Ddesde ese primer día en el que conocí el yoga decidí que yo quería enseñar. Quería que fuera parte de mi vida. Como parte de mi práctica personal empecé a realizarlo durante dos horas todos los días. Ese mismo año, 2003, me fui a la India a profundizar en el aprendizaje y conocí a mi maestro K. Pattabhi Jois, asistí a su escuela y decidí que quería practicar ahí con él y con sus otros alumnos. Cuando volví a Brasil ya tenía la seguridad de que quería dedicarme a enseñar Yoga así que hice una formación en Yoga dinámico para empezar a dar clases porque  la práctica en sí del Ashtanga Yoga es muy intensa, en este punto me gustaría comentar que aunque hoy en día hay formaciones de Ashtanga, esas formaciones no están regladas por la escuela de mi maestro, quien fue el que integró el Asthanga Yoga al Hatha Yoga y fue discípulo de Krishnamacharya, uno de los primeros yoguis de Hatha yoga en la India.

Yo me formé en yoga dinámico porque quería algo más reglamentado para dar las clases. A partir de ahí me fui desarrollando y volví en tres oportunidades más a la India para formarme en otros tipos de yoga como: yogaterapia, un tipo de yoga que también viene del Hatha Yoga pero que tiene un enfoque diferente porque entre posturas siempre hay un asana de toma de consciencia donde la persona es capaz de observar cómo está en el momento que realiza la postura o en el momento en el que está deshaciendo la postura. Todo ese proceso tiene un impacto en el sistema parasimpático.

 

 

¿Por qué decidiste buscar la meditación?, ¿estabas buscando algo especial cuando decidiste empezar con ella?

Pues mira, te cuento, cuando yo tenía 7 años de edad solía despertar llorando y preguntándome ‘quién soy o qué hago aquí’. Eso es algo que no es muy común pues muchas veces pasamos toda una vida y no nos hacemos esas preguntas. Siempre he tenido una actitud, creo yo, heredada de otras vidas o vivencias que me llevaba a cuestionarme quién soy y qué estoy haciendo aquí.

Yo creo que el yoga, la meditación y todo lo que se hace para entrar en contacto con uno mismo viene en un momento en el que tú tienes esa inquietud. En mi caso, esa inquietud siempre fue parte de mi vida, lo he llevado desde siempre. No fue algo externo, fue algo interno. Desde muy joven he leído muchísimo sobre teología, filosofía; textos que a los 18 años mis amigas o amigo no leían. En la época en la que yo era jovencita no solíamos preocuparnos de estos temas. Pero yo siempre estaba pendiente y quería esa respuesta, entonces cuando fui al retiro de meditación sentí que ahí me estaban dando una respuesta a lo que yo me había preguntado por tantos años.

 

Comentabas en una entrevista que en la India tu practica fue más intensa, cuéntanos un poco ¿cómo fue ese aprendizaje?

A penas llegué a la India fui directamente a la sala a practicar – eran las cinco de la mañana – entré y estaban todos ahí porque la clase iniciaba a las 4:45 de la mañana. A pesar de ello, el maestro me dejó entrar y lo que vi fue a todos los alumnos practicando como si flotaran y, en mi caso, yo me sentía como un camión [risas]. La práctica es tan dura, tan intensa, que uno pone un esfuerzo muy grande cuando recién empieza, luego aprendes que no hay que hacer tanto esfuerzo. En la India aprendí que hay que saber dónde poner la fuerza para hacer cada asana. Con la práctica, los años, la experiencia y la respiración controlada; fluyes.

 

¿Cuáles son las características que debemos tener para ser un profesor de yoga?

Normalmente, en los cursos de formación, muchas personas me preguntan ‘¿tengo que ser un practicante avanzado para ser profesor?’; yo conozco gente que ha empezado con el profesorado sin saber absolutamente nada y resultan siendo muy buenos profesores, incluso mejores que otros que ya practicaban. Yo creo que para ser un buen profesor de yoga debe haber una intención muy fuerte de querer serlo, no hace falta tener la flexibilidad, la fuerza. Muchos dicen ‘no puedo hacer yoga porque no tengo flexibilidad o no consigo concentrarme’; si tú tienes limitaciones, el yoga te ayudará a vencer tus limitaciones.

Entonces, desde mi punto de vista, la característica principal sería la entrega total a la práctica, a la disciplina; una entrega que involucre las 24 horas del día porque yoga es un estado mental. Es estar presentes en el aquí y el ahora todo el tiempo. No puedo hacer una hora de yoga en la mañana, realizar los movimientos, hacer Pranayamas, hacer todo bien en una hora y el resto del día olvidarme de todo.

 

 

Mencionabas en un artículo que “el estado de Yoga representa la expansión de la consciencia mediante la trascendencia del ego”, ¿consideras que es difícil trascender el ego? ¿por qué?

Es una pregunta profunda. Todos los seres humanos tenemos ego porque lo necesitamos, nosotros no tenemos nada que no necesitamos. El ego cumple una función, no está en vano. Cuando en yoga repetimos que hay que trascender, bajar, extinguir el ego parece que éste fuese algo negativo. Pero debemos entender que el ego cumple una función sin la cual nuestra psique no funcionaría de forma equilibrada. Hay cosas que son necesarias con la interferencia de nuestro ego. Lo que nos genera confusión en relación a esto es que entendemos o nos identificamos con este ‘ego’ como si solo fuésemos eso. Ese es el problema. Cuando nos identificamos con el ego pensamos que solo somos esa parte pequeña y limitada de nuestro ser que está ahí y que cumple una función.

Cuando buscamos transcender, buscamos entender que somos algo que está más allá del ego. No limitarnos, no depender, no apegarnos, no identificarnos con algo que nos limita. El ego no llega a lo que es el ser porque este último está más allá de la mente, del pensamiento, de las emociones.

¿Por qué es tan difícil trascender el ego?, porque tenemos una identidad muy arraigada con él, pensamos que somos eso. Pensamos, “yo soy Anita que piensa de esta manera, que tiene estas emociones, que reacciona de esta manera a las situaciones”; entonces, claro, si pienso de esta manera será muy difícil que yo pueda ir más allá de esa comprensión.

La piedra más grande para no trascender el ego es no aceptar lo que hay. Me explico, solemos categorizar todo en dualidades: dentro – fuera, alto – bajo, lleno – vacío, bueno – malo. Entonces, primero, debemos aceptar las dualidades para luego trascender a esas limitaciones porque la dualidad es una limitación. Nosotros somos seres que estamos mucho más de la comprensión limitada.

Otro punto es, entender que tengo emociones que pueden no ser tan bellas, pero las tengo que aceptar, cuando las acepto dejan de tener la necesidad de expresarse porque todas las emociones, todos los pensamientos son energía que necesitan expresarse. Cuando conseguimos ver de frente a las emociones, que a veces las escondemos porque no son tan bellas, ellas dejan de tener la necesidad de expresarse porque ellas suelen ser más fuertes que nuestra voluntad. Si las escondemos ganan fuerza. Cuando miras de frente a una emoción concreta ella pierde fuerza. Somos seres ilimitados, capaces de transformar todo lo que hay. En ese ser ilimitado no hay emociones; en el alma, en el espíritu no hay limitaciones, no hay emociones. Las emociones están en el ego, en esa parte minúscula de nuestra psique que nos permite estar aquí encarnados en la tierra. Sin embargo, cuando entramos en contacto con el alma, con el ser superior, a partir de ahí seremos un océano de pureza, de amor, de grandeza.

 

Actualmente vives en Barcelona ¿cómo ves la evolución del yoga en Barcelona?

Yo vivo hace 11 años en Barcelona, fui a través de la escuela que me contrató para dictar las formaciones. También he dictado cursos en Brasil entonces tengo la idea de cómo se ha desarrollado el tema en Latinoamérica y en España. Te puedo decir que hace 11 años, al empezar las formaciones, había muy poco interés. En España recién estaba empezando mientras que en Brasil ya estaba bastante desarrollado, no sé si porque acá en Latinoamérica tenemos mayor inclinación a conocernos; quizás porque tenemos un vínculo muy potente con la tierra. Hace poco estuve en Machu Picchu y entendí que los latinoamericanos aún tenemos nuestras tribus indígenas, todavía tenemos una conexión con la tierra, y eso hace que estemos más conectados y que busquemos, por influencia de nuestros ancestros, esas respuestas. En Europa también hay inquietudes, pero es diferente porque ellos tienen otros procesos.

Lo que observo, desde que llegué a España hasta ahora, es que se ha desarrollado de manera rápida. El tema del yoga ha evolucionada bastante, así como el tema de Ayurveda. He visto que hay una demanda muy grande ahora.

 

¿Por qué crees que ha crecido la demanda?

Porque el mundo se ha desconectado muchísimo de la esencia, entonces ahora es como dar la vuelta y empezar desde el principio. Creo que estamos en un punto de inflexión – algunos más avanzados y otros menos avanzados – pero todos estamos yendo por el mismo camino.  Si continuamos viviendo sin cuestionarnos qué estamos haciendo con el planeta, con nuestras vidas, esto se acabará en 50 años como máximo y no porque lleguemos a una cuarta guerra mundial. Yo considero que ya estamos viviendo una cuarta guerra mundial porque estamos destruyendo el medio ambiente, nuestra salud y todo a nuestro alrededor.  A partir de esta comprensión y el entendimiento de que algo estamos haciendo mal, damos la vuelta y queremos conocernos, entendernos. Por eso ahora hay muchas personas que están interesadas en el yoga.

En el 2025 la depresión será epidémica a nivel mundial, así como la obesidad es epidémica hoy en día. Debemos reflexionar sobre qué estamos haciendo con nosotros mismos, con el medio ambiente, con los animales. Hoy en día la industria alimenticia trata a los animales como esclavos, con una crueldad sin precedentes. La super población de animales, para la sobre producción de alimentos – que encima es lo que nos enferma – hace que en el planeta no haya espacio para todos: humanos, animales, alimento para los animales. Considero que, a lo largo de los años, hemos avanzado algo en ese proceso de despertar porque si no lo hubiéramos hecho quizás no estaríamos durando tanto.

 

Contáctate con Anita Macedo:

W: http://anitamacedo.com/

Instagram: https://www.instagram.com/anitamacedobn/

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||| Entrevista realizada por: Claudia Chalán Ayala, Relaciones Públicas y Prensa – lāal.

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