PEDRO RUBIO: DE LA ADMINISTRACIÓN AL CAMINO DEL YOGA

Nombre: Pedro Rubio.
Disciplina de Yoga que practica: Método Ashtanga Yoga.
Hace cuántos años descubrió el Yoga: Comencé en el 2008.
Una postura del Yoga: Virasana.
Algo que disfrute hacer en sus tiempos libres: Salir a los parques, al aire libre. Me gusta mucho ver “verde”
Un libro que recuerde mucho: La Luz sobre el Yoga de B.K.S. Iyengar.
Un mantra que tenga presente: “Llévame de la oscuridad hacia la luz, de la ignorancia hacia el conocimiento y de la mortalidad a la inmortalidad”, es un mantra hacia los maestros o hacia la práctica en sí porque uno hace la práctica del yoga para poder tener una perspectiva diferente en la vida.

 

Esta vez conversamos con Pedro Rubio, profesor de One Love Yoga, un espacio dedicado a la práctica en el método Ashtanga. Con más de cinco años dedicados a compartir la disciplina, Pedro nos recibe en su estudio con una cálida sonrisa y nos confiesa que el nombre de su centro nació a partir de la canción “One Love” de Bob Marley. “Suena cliché, pero yo creo que lo único que necesitamos es amor”, señala. Pero el profesor de Ashtanga no siempre fue yogui o, como él diría, ‘astangui’.

 

¿Cómo era la vida de Pedro antes de ir a esa primera clase de yoga?

Estudié administración en la ‘Richi’ [Universidad Ricardo Palma], terminé en el 2003 y me fui a Miami con la idea de hacer un Master o un MBA, aunque en realidad era más presión de mis papás. En esa época era muy joven, tenía 22 años y elegí esa ciudad porque tenía unos amigos y familia allá. No inicié con los estudios inmediatamente, pero me quedé un par de años porque debía reunir algunos requisitos de idioma y porque a la par estaba trabajando un poco. Bueno, al final no hice el MBA, lo que hice fue renovar la carrera para tener un título americano.

Siempre me gustó la administración, trabajé un tiempo, incluso. Lo que sí no me imaginaba era sentado en un escritorio, por eso estaba buscando entrar en el rubro de importación/exportación.

 

“[Sobre el yoga] Es un tiempo, un espacio para mí donde realmente no necesito nada más que mi cuerpo, mi voluntad, mi respiración y nada más.”

 

 

 

¿Y en esa época descubriste el yoga?

Sí, descubrí el yoga a los 27 años, pero a mí siempre me gustó hacer ejercicios, moverme. Allá me gustaba mucho correr y también ir al gimnasio. Aunque prefería correr por el malecón porque Miami está frente a la playa entonces yo sentía que era lo que disfrutaba más. Ponía la música y me iba. Me gustaba la sensación de silencio, era como entrar en trance, como lo que siento ahora con el yoga. Es un tiempo, un espacio para mí donde realmente no necesito nada más que mi cuerpo, mi voluntad, mi respiración y nada más. Cuando corría o hacía tabla [surf] sentía lo mismo. Eres tú, la tabla, el mar y nada más.

Siento que esas disciplinas, si realmente tienes esa conexión, te pueden brindar esa sensación; no sé si llamarlo meditación porque en Ashtanga decimos que la meditación no se realiza con los ojos cerrados, sino que, al igual que en el Mindfullness, es un estado de consciencia y presencia en todo momento. Por tanto, es más fácil que una disciplina física te jale a ese estado de consciencia porque necesitas toda tu concentración. Hace que la mente se desconecte de muchas cosas y se concentre en la actividad.

 

¿Y por qué elegiste el yoga?

Lo que me gustó del yoga, cuando lo descubrí por primera vez, es que no necesitas nada. Para correr tabla necesitas ir al mar, necesitas olas, del mismo modo, para correr necesitas salir, estar fuera de casa. Además, en ese tiempo también me empezó a doler un poco la rodilla izquierda.

 

¿Cómo conociste el yoga?

Lo conocí por Laura, ella enseñaba Vinyasa yoga en el estudio de Fred Buch los martes y jueves y me invitó a una clase. Yo nunca había hecho yoga, solo lo había visto en las revistas y lo conocía porque en Miami veía a mucha gente con el mat, pero sentía que era más para chicas. Pensé que era una práctica para estar sentado, tranquilo y cuando era una disciplina física yo siempre prefería que sea fuerte, demandante, porque de esa manera sentía que me relajaba.

Cuando entré a la primera clase me di cuenta que no era fácil. Recuerdo que sufrí un montón porque estaba duro. Como corría y hacía pesas, yo pensé que estaba en forma, pero no, estaba durísimo y sudé un montón. Además, recuerdo que en el sukhasana me sentí super bien, entonces regresé, me enganché y empecé a ir dos días a la semana: los martes y los jueves. Estuve así durante 6 meses hasta que se acabó la membresía del gimnasio y me inscribí en un estudio de yoga donde enseñaban varios estilos. Probé todo lo que había. En esa época trabajaba y luego iba al yoga entonces me metía a la clase que tocara: Kundalini, Hatha, Vinyasa, Power, Martial Arts Yoga. Probé todos y todos los estilos me gustaban. Para mí, todos los estilos son buenos, creo que ninguno es mejor que el otro. Por eso practicaba diferentes estilos hasta que encontré el Ashtanga.

 

 

 

¿Y qué te gustó del Ashtanga?

Me gustó porque cada persona está en su propio descubrimiento, si no vienes un día puedes practicar en tu casa porque te vas aprendiendo la serie y también puedes ser autodidacta, estudiar y practicar por tu cuenta. La característica del método es que dentro del aula cada uno está haciendo su propia rutina. Cuando vas a una clase de Ashtanga yoga el profesor te irá enseñando la secuencia [de movimientos o asanas] poco a poco y en cada clase aprenderás una sección o una parte de la serie. Se repasan las posturas anteriores y se agregan nuevas.

En una clase de Ashtanga, si tú giras la cabeza hay alguien al costado que está haciendo la misma serie, pero a su ritmo. Como alumno me enganché porque sentí que podía perfeccionarme. Acá tú mismo tienes que hacer la postura en otras clases uno suele seguir al profesor. Como cuando tomas un taxi y dejas que te lleve, en Ashtanga tú manejas el auto, eso me gustó del método porque yo podía guiarme y no todos los días estaba igual. Había días en los que me levantaba más cansado y necesitaba hacer la secuencia más lenta y otros días me despertaba con más fuerza y podía hacer la serie con mayor energía.

Como profesor me gusta porque sé que no todos somos iguales, acá tengo alumnas de 16, también tengo personas de 36, tengo gente con lesiones distintas; y cada uno va a su propio ritmo y se puede ajustar la secuencia para cada persona.

 

“Patthabi Jois, el padre del Ashtanga, decía que el Ashtanga yoga es para todos no importa si eres muy chato, muy alto, viejo, muy viejo, muy joven, muy gordo; el único que no puede hacer es el flojo”

 

 

 

Tenía entendido que es mejor aprender estilos más lentos y luego el Ashtanga

Eso es por falta de comunicación. Si lo enseñas de forma guiada, donde todos hacen la serie al mismo ritmo, sí es bastante fuerte. Acá tenemos una clase guiada pero solo es para personas que son de la escuela y que tienen un par de semanas practicando. Si alguien viene de fuera y quiere tomar esa clase no lo dejamos porque es muy fuerte. Si es alguien que nunca ha hecho yoga o nunca ha probado el método no va a regresar, porque la serie es muy profunda y es larga entonces la mejor forma es aprenderla en Mysore, método en la que cada uno aprende la serie a su ritmo. El Mysore sí es abierto para todos.

Patthabi Jois, el padre del Ashtanga, decía que el Ashtanga yoga es para todos no importa si eres muy chato, muy alto, viejo, muy viejo, muy joven, muy gordo; el único que no puede hacer es el flojo. Entonces cuando nos escriben y preguntan si pueden venir a hacer yoga nos dicen “no me he movido en dos años” o “estoy con sobrepeso”. Nosotros creemos que si la gente escribe y viene es porque tiene una motivación, por tanto, estamos acá para ayudarles a comenzar su práctica. A veces se empieza muy simple solo levantando y bajando los brazos, respirando un poco y se acabó la primera clase.

Mi maestro en India me dice: “no quiero que me muestren que tan bien hacen las posturas, sino que tan buenas personas son”. Eso es porque el yoga no solo se trata de la parte física; si tú eres alguien del circo o un gimnasta vas a poder hacer las posturas muy bien. Los asanas son una herramienta; sí, válida y necesaria, pero no solo es eso.

 

¿Cómo empezaste a enseñar?

Cuando entré al yoga jamás pensé “ah, me voy a dedicar a esto”. Pero, la clásica, puse fotos en mi Facebook haciendo las posturas y mis amigos me pedían que les enseñen y, en esa época, acá en Lima no había muchos espacios para aprender entonces me puse a enseñar.

 

¿En qué año fue?

Regresé al Perú en el 2010.

 

¿Por qué decidiste dedicarte a enseñar yoga completamente?

Porque me hacía muy feliz. Eso fue algo que también me jaló del yoga; con otras disciplinas descargas, pero no necesariamente sales feliz. Entonces dije, por qué no puedo hacer algo que me haga feliz y compartirlo con otros.

 

¿y cómo decidiste volver?

Bueno, estaba casado y quería formar una familia. Ella es de Canadá y yo de Perú entonces decidimos estar en Perú mientras yo aplicaba para los papeles de Canadá y también para viajar un poco. El primer año no estuvimos mucho en Lima, viajamos por más o menos tres meses por el sur del país: Tacna, yo soy de ahí así que fuimos a visitar a mi abuela; Arequipa; Puno; Cuzco.

Luego regresamos a Estados Unidos a ver unas cosas que habíamos dejado encargadas, volvimos a Perú y decidimos viajar a la India por primera vez. Era nuestro sueño. Si eres ‘ashtangui’ es como “tienes que” ir; como los judíos que deben ir, al menos una vez, a Israel. Fuimos y nos quedamos casi seis meses. No estábamos trabajando, habíamos vendido el auto, las motos y ese viaje cambió todo. Ahí fue que decidimos abrir una escuela y enseñar porque abrió nuestra perspectiva. Mysore es como una universidad, hay más de 400 personas de todo el mundo, de países y ciudades que nunca has escuchado. Ves a personas que llevan practicando como 20 – 25 años, hay gente joven y vayas donde vayas todos están hablando de yoga, chakras, terapias y estás inmerso en todo el mundo del yoga.

 

Suena como si fuera otro mundo…

Claro, exactamente, la cultura y todo. Ahí sentí que yo quería dedicarme al yoga. Veía en la calle abuelitos sentados, felices, con tan poco y bueno en las salas de la escuela gente de 50 o 60 años sentados practicando, con cuerpos sanos y yo dije “yo quiero estar así cuando cumpla esa edad”. Obviamente, externamente sus posturas no son iguales pero su energía se siente muy poderosa. Yo veo eso y quiero seguir ese camino.

 

¿Cuéntanos un poco sobre tu experiencia en la India? Tengo entendido que has viajado 4 veces para allá.

Sí he estado 4 veces y el próximo año iré por quinta vez.

 

¿Otra vez?

Sí, ya me toca volver [risas].

 

“siento que el yoga también te abre la percepción sobre las personas y te ayuda a seguir tu intuición”

 

 

¿Es muy complicado?

No, si tú te quieres complicar, puedes complicarte [risas]. Realmente no lo es. Si tienes ganas, hay una forma. Eso es algo que muchos me preguntan; por eso, este sábado tendremos una clase sobre “Cómo viajar a Mysore”, porque el próximo año se abrirán cursos en enero, febrero y marzo y después a mitad de año. Yo pienso ir a mitad de año un par de meses, pero hay muchos chicos que irán antes; por eso, el sábado conversaremos sobre el tema. Las personas suelen angustiarse y preguntar “dónde llego”, “cómo me muevo”, “qué cosa llevo”. Pero en realidad es muy fácil, es un país súper lindo porque allá las personas son muy buenas y te enseñan. Uno va de occidente con otra forma de pensar, lo queremos todo ya, planificamos mucho y allá la gente te recibe y te dice “relájate, siéntate, respira, disfruta ¿Por qué tan apurado?”.

Además, siento que el yoga también te abre la percepción sobre las personas y te ayuda a seguir tu intuición. Por ejemplo, si estás haciendo una postura y sabes que no estás bien, sales de la postura; eso es algo que siempre les inculco a mis alumnos. A veces algunas personas me dicen “no, el yoga no, porque me lesionó” y yo pregunto, cómo te lesionó y me dicen, “es que estaba haciendo la postura y me dolía la rodilla” y entonces les digo, por qué seguías en la postura; si no te sientes bien, sales de la postura y me responden “es que debía hacer la postura”. Lo que pasa es que tenemos samskaras, condicionamientos muy profundos en nuestra mente, formas de pensar que quizás no han sido nuestros sino inculcados por nuestros padres, por la sociedad, por la media y sentimos que tenemos que actuar de una determinada manera ante una situación. Pero no es así, entonces uno siempre puede escoger lo que puede hacer.

 

¿Por qué crees que es tan difícil encontrar a hombres en una clase de yoga?

¿En Perú? [risas]

 

¿solo se da en nuestro país?

Sí en otras partes del mundo hay muchos hombres practicando. Yo creo que acá todavía tenemos algo de machistas al respecto. Acá la cultura de hombres es gimnasio, artes marciales, surf, correr y el yoga todavía no está como una opción. Cuando los hombres piensan en deporte, piensan como primera opción en fútbol. El yoga todavía no lo tienen muy presente. Pero eso va a ir cambiando, acá tengo varios hombres, más o menos el 30% son varones.

 

Contáctate con One Love Yoga, fundada y dirigida por Pedro Rubio:

oneloveyogaperu@gmail.com

Dirección: Av. Angamos Oeste 546, Miraflores

Instagram: https://www.instagram.com/oneloveyogaperu/

Facebook: https://www.facebook.com/oneloveyogaperu/

 

 

||| Entrevista realizada por: Claudia Chalán Ayala, Relaciones Públicas y Prensa – lāal.